18 de junio de 2008

El viaje según Ángel Ingelmo Sánchez

LAS BATUECAS

Se accede fácilmente desde La Alberca por una carretera en buen estado (dentro de lo que cabe). Cuando se alcance el Portillo, hay que hacer una parada para extasiarse con el paisaje. Francamente impresionante.

Dejando a un lado todas las fantasiosas leyendas sobre su descubrimiento, en tiempos de Carlos V, y sus habitantes, gentes zafias que apenas sabían hablar, la frase hecha de “estar en las Batuecas” cuando alguien no se entera o sueña despierto, hay que decir que las Batuecas no son más que una parte de Las Hurdes y una zona totalmente deshabitada, salvo los carmelitas del convento, los bichos del parque y los excursionistas.

Una vez abajo, y si está dispuesto a recorrer a pie el valle, cada cual encontrará algo de lo que vaya buscando: reposo en el monasterio de San José (no se permite el acceso, ya que es de clausura), pinturas rupestres en el canchal de las Cabras Pintás o del Águila, ruinas de los eremitorios abandonados por los frailes solitarios cuando se cansaron de tanta búsqueda en soledad y un silencio y soledad que dejará huella al igual que el paisaje.

Guía azul Salamanca /Ángel Ingelmo Sánchez

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