Cuando el viajero esté lejos de aquí, allá en la gran ciudad donde vive, y sea amargo su día, recordará este lago, estos brazos de agua que invadieron los valles pedregosos y a veces tierras fértiles y casas de los hombres, verá con los ojos del recuerdo las laderas pinas, el reflejo de todo esto en la superficie incomparable, y entonces, dentro de sí, se hará el gran silencio para poder murmurar, como si fuese su única respuesta: “Yo soy.”
Viaje a Portugal/ José Saramago
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