Amaestrar el esfínter es poner fin a la omnipotencia de Dios: el viaje. Revista Mombaça, 5/ Juan Manuel Escourido Muriel
16 de junio de 2008
El viaje según Juan Manuel Escourido Muriel
Un viajero no sabe adonde va, porque de no ser así estaría simplemente desplazándose. Confudir viaje y desplazamiento equivale a obviar la enorme distancia entre el muchacho teledirigido que organiza una excursión campestre con fecha y hora de recogimiento pactadas de antemano y el hombre que se lanza a la ventura Como dice Baudelaire los verdaderos viajeros sólo parten /por partir; corazones livianos, como globos, / jamás escapan de su fatalidad,/ y, sin saber por qué, siempre dicen: ¡Vamos! El deseo de geografía embriagada al hombre que contempla el mundo desde los barrotes del urbanismo contemporáneo. Al tiempo que se ramifica la claustrofobia, la angustia puebla la terra incognita de las regiones menos atendidas de su vida cotidiana. La fuga sin fin, el viaje al fin de la noche, aparecen entonces como las únicas cicatrizaciones posible, allá donde el viaje mental y el viaje físico confunden su pagus a modo dantesco.
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