Nos plantea dos lecturas, una de ellas desde el punto de vista social, el Medellín de los narcos, la violencia, las diferencias sociales, el desigual papel de la mujer. Por otra parte el amor no correspondido y el mito. Desde un relato subjetivo muy bien elaborado.
Huele a muerte, sabe a muerte. Como los besos de Rosario. En la novela, desgarradora, en que se respira lo inevitable a lo largo de una noche en la que el reloj se confabula con el estado anímico del narrador (siempre son las cuatro y media) se van desgranando las distintas historias de amor vividas por los personajes en torno a la figura femenina central. Amor filial; amor romántico, platónico casi, pero atroz; amor adicto y ebrio, brutal como el ambiente en el que se desenvuelve, inevitable pero corrosivo, diríase caústico, que deja un sabor caliente, salado y áspero, de sangre. Así lo vive y siente Antonio, cuyo nombre no se nos desvela hasta el último capítulo, y que además de narrador, a través de sus recuerdos, es el verdadero protagonista de la historia, es el último de la fila que llega a colocarse el primero, sin quererlo y no como él hubiera querido. El autor emplea el lenguaje, mezcla de giros sudamericanos y de jerga marginal, que en ocasiones resulta un tanto críptico y, por lo tanto, ajeno, aunque imprescindible, de forma que nos va haciendo más próximo, comprensible y necesario a medida que penetra en la historia, en los personajes y en su mundo.
MIÉRCOLES B (SEMINARIO), miércoles 18 de marzo de 2009. Alguien dijo (y todos sabemos quien): "¿Si queremos que Rosario Tijeras ("¿De qué estás hecha, Rosario Tijeras?") sea una película? Y es que es tan real que nuestro anhelo está en volverla mentira, en creer que eso no pasa porque sabemos que pasa, ocurre cada día de la vida de muchas vidas,ahora". Pero "te gastaste tus siete vidas, Rosario Tijeras"...
3 comentarios:
Nos plantea dos lecturas, una de ellas desde el punto de vista social, el Medellín de los narcos, la violencia, las diferencias sociales, el desigual papel de la mujer. Por otra parte el amor no correspondido y el mito.
Desde un relato subjetivo muy bien elaborado.
Huele a muerte, sabe a muerte. Como los besos de Rosario.
En la novela, desgarradora, en que se respira lo inevitable a lo largo de una noche en la que el reloj se confabula con el estado anímico del narrador (siempre son las cuatro y media) se van desgranando las distintas historias de amor vividas por los personajes en torno a la figura femenina central. Amor filial; amor romántico, platónico casi, pero atroz; amor adicto y ebrio, brutal como el ambiente en el que se desenvuelve, inevitable pero corrosivo, diríase caústico, que deja un sabor caliente, salado y áspero, de sangre.
Así lo vive y siente Antonio, cuyo nombre no se nos desvela hasta el último capítulo, y que además de narrador, a través de sus recuerdos, es el verdadero protagonista de la historia, es el último de la fila que llega a colocarse el primero, sin quererlo y no como él hubiera querido.
El autor emplea el lenguaje, mezcla de giros sudamericanos y de jerga marginal, que en ocasiones resulta un tanto críptico y, por lo tanto, ajeno, aunque imprescindible, de forma que nos va haciendo más próximo, comprensible y necesario a medida que penetra en la historia, en los personajes y en su mundo.
MIÉRCOLES B (SEMINARIO), miércoles 18 de marzo de 2009. Alguien dijo (y todos sabemos quien):
"¿Si queremos que Rosario Tijeras ("¿De qué estás hecha, Rosario Tijeras?") sea una película? Y es que es tan real que nuestro anhelo está en volverla mentira, en creer que eso no pasa porque sabemos que pasa, ocurre cada día de la vida de muchas vidas,ahora".
Pero "te gastaste tus siete vidas, Rosario Tijeras"...
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